S. Juan Pablo II y el amor siempre joven

por | abril 3, 2019

Ese es el título de un libro que se publicó hace ya 17 años con motivo de la canonización de san Josemaría. En él colaboré con un artículo que ahora adquiere nueva actualidad con motivo del proceso de canonización del matrimonio Alvira.

Quizá no es bien conocido que San Juan Pablo II introdujo una novedad de hondo conteni­do, que puede tener una gran repercusión en la vida cristiana: la posibilidad de abrir el proceso de canonización para aquellos que -como matrimonio- hayan vivido de modo ejemplar su fe.

Esto significa que cuando marido y mujer se unen en matrimonio reciben una gracia espe­cial para ser santos. Obviamente Jesucristo se pone en medio de los esposos, no para sepa­rarlos sino para unirlos. Por eso nos equivocaríamos si pensáramos que lo que hace el Señor es simplemente comunicar un aumento de la gracia santificante a los esposos, para que así puedan ser mejores cada uno de los dos. Es verdad que la gracia santificante, como su propio nombre indica, nos santifica personalmente. Pero la gracia sacramental del matri­monio es de un tipo que podríamos llamar «unificante»; es decir, tiende a que marido y mujer estén cada vez más unidos.

Por eso San Juan Pablo II no dudó en beatificar al matrimonio Beltrame quattrocchi -Luigi y María-, que así se llamaban, como esposos que habían alcanzado la santidad apoyándose el uno en el otro. Se iniciaban así -San Juan Pablo II fue pionero en tantas cosas- unos proce­sos de beatificación novedosos, porque había que buscar no tanto las virtudes personales, como las matrimoniales. Obviamente toda virtud es buena, pero se trataba de poner de relieve aquellas virtudes que mostrarán el crecimiento en el amor mutuo: el respeto, la comprensión, la delicadeza, la admiración…

Los sacerdotes, cuando damos consejos a personas casadas que vienen a hablar con nosotros con deseos de mejorar, nos encontramos a veces con comentarios jocosos: «Padre , yo no tengo que esforzarme mucho para santificarme, ya tengo a mi marido que me santifica…».

Se dice en tono de broma pero, por desgracia, a veces hay mucho de verdad en esos comentarios.

Debemos esforzarnos para que el caso de Luigi y María no sea una excepción sino que, volviendo los ojos a los primeros cristianos, veamos a la Iglesia primitiva crecer con aque­llos matrimonios que arrastraban con su luz y con su amor.

Como sabéis, cuando se inicia un proceso de canonización, se editan estampas con la foto del siervo de Dios y una oración para pedir favores o milagros por su intercesión. Pues bien, en el caso de Luigi y maría, en la foto aparecen los dos. Como en las fotos de la boda.

Uno de esos matrimonios a los que tuve la suerte de conocer era el que formaban Tomás Alvira y Paquita Domínguez.

D. Tomás fue mi profesor de Ciencias Naturales en el Instituto Ramiro de Maeztu. No sólo nos hacía amenas las clases, sino que nos iba enseñan­do a practicar las virtudes que hacen amable la convivencia.

Os dejo un link con las dos entradas del artículo en esta misma web y el articulo original, que ha cobrado nueva actualidad: