La educación emocional de nuestros hijos

por | septiembre 19, 2018

Hay dos tipos de padres: Los que explican a sus hijos en qué consiste el mundo de las emociones, y los que prefieren ignorarlo. En este último grupo están los padres que no tienen tiempo, y que se cubren las espaldas atiborrando a los niños de regalos. También los que imponen su autoridad con el no por delante, convencidos de que conviene enderezarles.

La primera variante, la de los tutores emocionales, es una especie muy rara en nuestros días. Como dice Daniel Goleman, «los padres hablan cada vez menos con sus hijos, no se interesan por su mundo interior; las familias están rotas y los niños viven terribles situaciones de incomunicación y aislamiento».

Resultado: estamos creando una generación de analfabetos emocionales. Depresión; suicidios; fugas; anorexias y bulimias en niñas de 13 años. Episodios violentos a manos de niños menores de 15. La única solución, vislumbra Goleman, está en la escuela: «Ya que los padres no les enseñan, los profesores no tienen otro remedio que cubrir ese vacío».

En decenas de escuelas norteamericanas se imparten ya asignaturas como Habilidad Social o Control de las Emociones. Empezó hace unos siete años a nivel experimental, pero a raíz del éxito del libro de Goleman se están extendiendo a los programas de enseñanza. Uno de los lugares pioneros fue New Haven, donde los alumnos estudian Empatía, Autocontrol, Autoestima, Cooperación… Pero la escuela más innovadora en la enseñanza de la Inteligencia Emocional tal vez sea el New Learning Center de San Francisco. A la hora de pasar lista, los niños dicen un número, del diez al uno, según su mejor o peor estado de ánimo. Así los profesores saben a qué atenerse, y les ayudan a liberarse de sus preocupaciones antes de empezar la jornada.

Las mejoras en los niños saltan por lo general a la vista: menos agresividad, menos propensión a las drogas, autocontrol, sociabilidad y disposición para el trabajo en grupo.

Los profesores hacen lo que pueden, que no es poco, pero la responsabilidad sigue recayendo sobre los padres. A ellos va dedicado un libro, pionero en la aplicación de la Inteligencia Emocional a la educación: «Los mejores padres». Su autor, John Gottman, siguió muy de cerca a 120 familias y al cabo de diez años evaluó sus logros. Los hijos de matrimonios emocionalmente maduros iban mejor en la escuela, demostraban mejor salud física y mental, habilidades sociales y mayor autoestima.

Gottman rechaza la distinción entre padres autoritarios o muy permisivos, y aboga por lo que él llama «preparador emocional».

«Amar a los niños no es suficiente. Hace falta enseñarles habilidades, y muchas veces no estamos preparados. Es que nunca nadie nos ha enseñado a ser padres».

Aprenda a educar a un niño en su «inteligencia emocional»:

  1. Póngase en el lugar de él. No actúe según su conveniencia.
  2. Pregúntele y escuche. No intente suponer qué es lo que le pasa, ni le reprima con frases como «¡Eres un sinvergüenza!».
  3. No le reproche por tener emociones negativas. La tristeza es casi tan natural como la alegría.
  4. Ayúdele a identificar y canalizar sus malas emociones. Enséñele a superarlas.
  5. Incentive su curiosidad. Sígale muy de cerca, no le guíe.
  6. Aprenda con él. Haga de cualquier experiencia nueva un juego. No le reprima cuando aprenda algo por sí mismo.
  7. No le pegue. Corríjale siempre que haga falta. Dígale «no» cuando tenga que decírselo.
  8. No deje que la televisión haga de padre o de madre. Evite que la vea en los primeros meses.
  9. Premie sus logros. Alimente su motivación, pero no le inunde de regalos.
  10. Fíjele pequeñas metas. Estimule en él el deseo de lograr algo. Así desarrollará el sentido de la intencionalidad.

Fuente: Edufam.net