Hombre y mujer los creó

por | abril 6, 2019

Acerca de los radicales de la persona humana.

Nos situamos en el comienzo de nuestra historia con la aparición del Adán y Eva. Ahí se encuentran nuestras raíces. Así que empezaremos por aclarar a qué no referimos cuando hablamos de radicales del ser humano. Nos ayudará a ello acudir al diccionario de la Real Academia de la Lengua.

La primera acepción, de las diez que aparecen de la palabra «Radical», es: «perteneciente o relativo a la raíz».

Ciertamente, la raíz es por dónde una planta empieza su crecimiento y desarrollo, y por eso es conveniente que empecemos por explicar cuáles son los radicales del niño, raíz del hombre, para llegar luego a los radicales del hombre y de la mujer, que son plantas ya crecidas. No solo son raíz, sino tronco, con flores y con frutos.

Pues bien, teniendo en cuenta esto, llega el momento de explicitar cuáles son -según mi entender- los radicales del ser humano; o sea, aquellas características que debemos conocer para poder vivir con acierto nuestra situación en el mundo.

Los radicales del niño

Podríamos señalar que, los radicales de la primera infancia (niño o niña) que se desarrolla desde los 0 hasta los 5 años, son la dependencia y la confianza. La dependencia les da seguridad, y la confianza arrojo para ir descubriendo un mundo maravilloso a su alrededor. Los niños, cuando viven en un entorno adecuado, son felices y hacen felices a los demás. La dependencia es obvia a esas edades: los niños dependen de sus padres. Pero, además, si no hay problemas familiares, los niños tienen total confianza en ellos. Viven y crecen felices. Una anécdota simpática sobre esa confianza me la contó el padre de un chico de 5 años. El padre llegó cansado del trabajo, y se puso a ver la televisión un rato. El niño apareció por la sala de estar con un pequeño cochecito que llevaba de un lado para otro haciendo bastante ruido. El padre un tanto enfadado se dirigió a él y le dijo: «¡niño ya me has cansado! Vete a la cama». El niño, con la sencillez propia, miró a su padre y le dijo: «papá, yo no estoy cansado; si tú estás cansado, vete a la cama tú».

Antes de dejar este apartado de la confianza y dependencia que los niños deben tener con los padres, conviene hacer una referencia -aunque sea breve- a las discusiones que, a veces, los padres tienen delante de ellos. Cuando se pelean o discuten delante de los hijos, les generan mucha ansiedad. No pocas veces esas discusiones generan pesadillas o terrores nocturnos en los pequeños. No es este el lugar para detenernos en ello, pero sí para tenerlo presente.

Los radicales del hombre y de la mujer

Esté es el primer relato del Génesis a la hora de narrar la creación del hombre y la mujer:

«Dijo Dios: hagamos al hombre a nuestra imagen, según nuestra semejanza. Que domine sobre los peces del mar, las aves del cielo, los ganados, sobre todos los animales salvajes y todos los reptiles que se mueven por la tierra. Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creo; varón y mujer los creó.» Gen.1, 26-27.

Nunca deberíamos cansarnos de meditar que hemos sido hechos a imagen y semejanza divina. Creados por amor y para amar, debemos, sin embargo, tener presente el pecado, Aparece narrado con detalle en el capítulo tercero del Génesis.

En estos pasajes se recogen también la bondad y belleza del trabajo para perfeccionar el mundo recibido. «El Señor Dios tomó al hombre y lo colocó en el jardín de Edén para que lo trabajara y lo guardara». Gn 2,15.

Ese encargo va dirigido al hombre y a la mujer. Se debe compartir y repartir. Está claro que hombre y mujer son distintos, y que -aunque estén trabajando en la misma cosa- lo hacen de modo diferente; lo cual aporta no pocas ventajas, y -a veces- no pocos problema.

Pero aquí se encuentra el motivo por el que la mujer ha perdido gran parte de su atractivo en la sociedad contemporánea. La cuestión es simple, y no hay por qué darle tantas vueltas: la mujer trabaja tanto como el hombre, y a veces más, y luego tiene que atender a todos los problemas de la casa; llega tarde, cansada, pero…no queda más remedio.

Los pequeños le preguntan, y los mayores se quejan. Al pasar al lado de su marido le susurra: ¡qué harta estoy!

El marido se lo toma de otra forma. El está pensando ya en cosas de mañana y en ver un poco el fútbol. En el modo de ser masculino aparecen como radicales propios la seguridad en sí mismo, a veces con no poco narcisismo,  y la mirada hacia el futuro.

En el caso de la mujer hay un radical que tiene especial importancia: la atracción. Está también recogida en el libro del Génesis. En el segundo relato, que sin embargo es el más arcaico y primitivo que el primero, aparece la mujer saliendo de la costilla de Adán, y este exclama: «esta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne…por eso, dejara el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer y serán una sola carne.»

La atracción de la mujer es, a mi modo de ver, el más importante de los radicales que hemos tratado hasta ahora por las consecuencias que tiene para toda la sociedad.

Por desgracia, en la sociedad actual, parece que cuando se habla del atractivo de una mujer, se está hablando sin más del atractivo físico; y por estar en la sociedad que estamos, este aspecto ha tomado especial relevancia. El atractivo físico, como es obvio, no deja de ser importante, pero mucho más importante es el atractivo espiritual: su modo de hacer, de moverse, de hablar, de enfocar los acontecimientos, de intentar unir…

Ese atractivo está compuesto por una serie de cualidades y virtudes que tienen como soporte la capacidad de ver muchas cosas que los hombres no vemos.

No pocas mujeres se olvidan de sí mismas y piensan en los demás. Los niños que van llegando son alegría y futuro, aunque el embarazo sea difícil o tengan que permancer largo tiempo en cama. Sin pasar por alto que el cuidado de familiares ancianos suele recaer también sobre ellas.

Las penalidades de la vida no parece que puedan eliminarse. Pero esa realidad no nos lleva al pesimismo.

La maravilla de Eva antes del pecado original es solo una sombra si la comparamos con la maravilla de la Virgen María. «Donde abundó el pecado sobreabundó la gracia». Y esta es la gran señal que apareció en el cielo: «una Mujer coronada con 12 estrellas, la luna a sus pies».

En la sociedad actual, muchas mujeres, ignorantes del verdadero tesoro de la feminidad, andan dando tumbos y buscando transmitir al mundo un mensaje de liberación.

Pero lo más importante no lo hemos dicho aún. Para que una mujer sea realmente atractiva tiene que estar siempre alegre, y repetir con frecuencia y con verdad: ¡Padre, cuánto me quieres!, ¡Madre, cuánto me ayudas!